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Estas mujeres se han enfrentado a dictadores. ¿Qué nos detiene a nosotros?

by admin

En resumen, MBS es mercancía dañada. El rey Salmán y otros miembros de la realeza saudí deberían comprender la realidad de que, si el príncipe heredero se convierte en la práctica en el próximo rey, las relaciones de su país con Estados Unidos tal vez no se recuperen en décadas.

Tal vez estés poniendo los ojos en blanco ante todo esto. Algunos practicantes de la realpolitik ven la preocupación por los derechos humanos como una tontería y creen que lo que realmente importa es que una nación sea fuerte, temida y esté equipada con un poderoso ejército. Advierten que el idealismo simplista conduce a desastres como la guerra civil en Libia y que lo que favorece los intereses de estadounidenses y extranjeros por igual es la estabilidad y las relaciones estables con autócratas que en ocasiones son detestables.

Mi respuesta es que debemos poner en una balanza nuestros intereses y nuestros valores. Hemos visto los límites del idealismo puro en Libia, pero también los límites del poder militar puro en Iraq y Afganistán. En ocasiones, el cambio se consigue lanzando bombas, sí, pero en otras se logra apoyando la educación y los derechos humanos, incluidos los derechos de las mujeres. Los talibanes le dispararon a Malala Yousafzai porque entienden que, a largo plazo, la mayor amenaza para el extremismo no es un avión no tripulado que sobrevuela la zona, sino una niña con un libro.

Tawakkol Karman, una mujer yemení que ganó el premio Nobel de la Paz por su liderazgo durante la Primavera Árabe, me dijo que el mundo está atento para ver si Biden presionará a los regímenes con el propósito de que liberen a los detenidos y defiendan los derechos de las mujeres. “El mundo tiene la mirada puesta en la política de Estados Unidos para asegurarse de que Trump es un caso anómalo en la política exterior estadounidense, y no la forma de proceder de ese país”, afirmó.

El mundo tiene sus matices. Barack Obama creía en los derechos humanos, pero permitió que cientos de miles de sirios fueran masacrados porque le preocupaba meterse en un atolladero.

El régimen represivo de Egipto ya ha desafiado a Biden al detener a los familiares de Mohamed Soltan, un activista egipcio-estadounidense. Se desconoce qué influencia tiene Biden para ayudar a los manifestantes prodemocráticos de Birmania o destituir a un dictador en Venezuela, y mucho menos para poner fin a un genocidio cultural en la región china de Sinkiang.

Sin embargo, al menos podemos encontrar nuestra voz. El gobierno de Trump denunció los abusos en Venezuela, China e Irán, pero si uno se preocupa por los derechos humanos solo en los países que no le gustan, entonces en realidad no se preocupa por los derechos humanos. Y con Trump, la falta de respeto a los derechos democráticos en el extranjero se ha convertido en una falta de respeto a esos derechos en casa.

Deberíamos inspirarnos en mujeres valientes como Minna y Amal en Egipto, o Al-Hathloul en Arabia Saudita. Si ellas, con sus principios como única arma, pueden enfrentarse a matones y dictadores en el extranjero, entonces seguramente nosotros también podemos.

Nicholas Kristof ha sido columnista del Times desde 2001. Ha ganado dos premios Pulitzer por su cobertura de China y del genocidio en Darfur. Puedes suscribirte a su boletín y seguirlo en Instagram. Su libro más reciente Tightrope: Americans Reaching for Hope. @NickKristof Facebook



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